Música
cursi, la música manida
que
llevo soportando toda la vida.
Tráqueas
que esputan pútridas paridas,
dilapidando
estúpida saliva.
Podridamente
huele la música payasa
que
se cuela por la tele hasta el fondo de mi casa.
¿De
qué coño sirve el mando a distancia
cuando
todos los canales promocionan la ignorancia?
Si
no bebes orines ni tampoco comes mierda
¿por
qué entregas tu intelecto a esa música tan lerda?
Tu
pobre cerebelo va a acabar pagando el pato
si
persiste tu costumbre de venderlo tan barato.
Cuántos
inocentes envejecen entre rejas
mientras
siguen tan campantes los que guían las ovejas:
aquellos
que maltratan y mancillan tus orejas.
La
culpa es toda tuya, subnormal, porque te dejas estafar.
El
retrato robot del español contemporáneo
es
un menda que permite que lo meen en el cráneo.
Es
un menda que permite someterse a la anestesia
de
los fétidos aullidos que barrita Enrique Iglesias.
Todas
las semanas nacen 100 estilos nuevos,
pero
tú sigues comprando megamises de los güebos.
Mientras
oigas esa mierda, mientras lleves ese rollo,
seguirás
contribuyendo a este vil subdesarrollo.
Por
fin ha llegado el máximo progreso:
hemos
alcanzado el mínimo seso.
Que
ya se han cumplido preclaros designios,
que
esto ya es el planeta de los simios.
© Mamá Ladilla